¿Alguna vez te has preguntado qué sucede dentro de tu cerebro cuando pasas de un idioma a otro? Ya tengas fluidez en varios idiomas o estés aprendiendo un segundo, los resultados son fascinantes. Hoy nos adentramos en la ciencia detrás de la alternancia de idiomas y en lo que implica para tu memoria, tu toma de decisiones, e incluso para tu personalidad.

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¿Qué le pasa a tu cerebro cuando cambias de idioma?

El lenguaje no se almacena solo en una parte del cerebro. Es un proceso en el que participan varias regiones:

  • El área de Broca juega un papel crucial en la producción del lenguaje.
  • El área de Wernicke ayuda con la comprensión.
  • La corteza prefrontal desempeña un papel fundamental en la gestión de qué idioma usamos y cuándo.

Cuando se es bilingüe o políglota, estas áreas trabajan conjuntamente de forma más intensa. El cerebro está constantemente
tomando rápidas decisiones: ¿Qué idioma hablo ahora? ¿Qué palabras uso? ¿Cómo cambio de uno a otro?

Cambiar entre idiomas, lo que se conoce como cambio de código, no se limita al vocabulario. Requiere de un gran control cognitivo. El cerebro debe suprimir un idioma a la vez que activa otro. Esto pone en marcha los sistemas de función ejecutiva. Es como un gimnasio mental. Por eso las personas bilingües a menudo muestran mayores habilidades en: cambios entre tareas, concentración y atención, y resolución de problemas.

Y aquí tienes un dato curioso: los estudios han demostrado que las personas bilingües suelen rendir mejor en tareas que les exigen ignorar las distracciones.

Pero ahora viene lo mejor: ser bilingüe durante mucho tiempo puede cambiar la forma de tu cerebro.

Los científicos han descubierto que se obtiene más materia gris en las partes del cerebro que ayudan con el lenguaje y la concentración. Hay un área, llamada corteza cingulada anterior, que te ayuda a mantener el control cuando ambos idiomas intentan salir al mismo tiempo. Este malabarismo mental esculpe literalmente tu cerebro, haciéndolo más rápido y más flexible.

Pero, ¿cómo se traduce eso en la práctica? ¿Y con qué rapidez podemos realmente cambiar de un idioma a otro?

Los lingüistas han descubierto que los bilingües competentes pueden cambiar de idioma en entre 200 y 300 milisegundos, más rápido que un abrir y cerrar de ojos. Pero esta rapidez depende de:

  • el nivel que tengas en los idiomas,
  • cómo de parecidos sean los dos idiomas,
  • el contexto y el estado emocional.

Y ahora viene lo alucinante: cambiar de idioma también puede cambiar cómo te sientes. Muchas personas bilingües afirman sentirse como una persona ligeramente diferente dependiendo del idioma 
que estén hablando.

¿Por qué?

Porque los idiomas traen consigo diferentes normas culturales o asociaciones emocionales. Por ejemplo: en algunos idiomas, la gente tiende a ser más formal o directa. En otros, más informal o expresiva. Así que si te sientes más seguro, más divertido o más reservado según el idioma que estés hablando, no te lo estás imaginando.

Tu cerebro se adapta socialmente, así como lingüísticamente. ¡Y muchos estudios así lo han demostrado! Un estudio de la Universidad de Chicago descubrió que las personas bilingües toman decisiones más racionales cuando hablan en su lengua no materna. Eso es porque se reduce el sesgo emocional.

Cuando los bilingües cambiaban de idioma, los neurocientíficos, mediante resonancias magnéticas, encontraron una mayor actividad en la parte de la corteza prefrontal asociada con la inhibición y la resolución de conflictos. Así que, en cierto modo,
hablar otro idioma no solo amplía tu vocabulario, sino que reconfigura tu forma de pensar y sentir.

¿Qué significa todo esto para ti?

Si estás aprendiendo un segundo idioma, no solo estás aprendiendo gramática. Estás mejorando tus neurocircuitos. Incluso el aprendizaje de idiomas a corto plazo puede mejorar la memoria, aumentar la concentración y retrasar el envejecimiento cognitivo (sí, es cierto: el aprendizaje de idiomas está asociado con un inicio más tardío de la demencia).

Y si te cuesta cambiar de un idioma a otro con fluidez, no te estreses. El simple hecho de intentarlo ya fortalece tu cerebro. Con el tiempo, este «músculo» mental se vuelve más eficiente.

¿Quieres mejorar tu habilidad para cambiar de un idioma a otro?

Prueba esto:

  1. Practica ambos idiomas todos los días, aunque solo sean 5–10 minutos.
  2. Pon etiquetas en tu casa con palabras en ambos idiomas.
  3. Habla contigo mismo en el idioma de destino para reforzar el cambio interno.
  4. Usa aplicaciones de repetición espaciada para entrenar la velocidad de recuerdo.
  5. Mira medios bilingües, que cambian de idioma de forma natural.

Con el tiempo, tu cerebro será capaz de gestionar el cambio de forma más automática.

Así que, la próxima vez que te sorprendas a ti mismo cambiando entre «Hola» y «Hi», recuerda: ¡Tu cerebro está haciendo un gran esfuerzo! Sigue así. ¡No solo estás aprendiendo un idioma! Estás desarrollando una mente más aguda y flexible.

Si te interesa este tema, no te pierdas el siguiente vídeo:

 


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¡Hasta la próxima!